Zafiedad televisiva – Opinion_Editoriales – Opinion – ABC.es

(…) Televisión Española sabía a lo que se exponía al abrir sus estudios a un individuo como John Cobra, a quien no sólo invitó a cantar: los responsables de la cadena mantuvieron durante más de seis minutos la señal del que quizá sea el espectáculo más zafio jamás programado por el canal estatal. Su protagonista debería haber abandonado de inmediato el plató de una gala que, en el peor de los casos, tendría que haber sido interrumpida, y no como ejercicio de censura, sino por simple responsabilidad.

La presunta y falsa «democratización» del proceso de selección del representante de RTVE en Eurovisión ha llevado a la corporación estatal a amparar y promocionar en los últimos años a una esperpéntica galería de personajes, decididos a aprovechar el tirón del certamen para salir de un gueto rentabilizado interesadamente por los responsables de la cadena.

Pese al silencio del Ministerio de Bibiana Aído y de representantes de los nuevos derechos sociales tan activos como Pedro Zerolo, la bochornosa e hiriente actuación de John Cobra -alentada y luego consentida por le emisora de Prado del Rey- marca el enésimo hito en un proceso de perversión televisiva del que TVE debería quedar al margen, más aún en su nueva etapa (…).

via abc.es

Se entiende bien el bochorno (Drae: “Desazón o sofocamiento producido por algo que ofende, molesta o avergüenza”) que produce al editorialista del periódico la zafiedad de la presencia televisiva del tal “Cobra”.

Se entiende igualmente el echar en falta las voces de algunos ministros/as y representantes de grupos sociales, voceadores ordinarios de lo que se tercie, ahora -al menos por el momento- silenciosos como si la cosa no tuviera que ver con nadie.

Se entiende mucho mejor, además, lo dicho por Sonia Blanco, desde un punto de vista profesional: “Para mí el culpable es el realizador que debió cerrar plano, ir a Anne Igartiburu y olvidarse de semejante elemento. Y no darle ahí minutos de exposición para bochorno general. Eso es lo que hace un profesional serio”.

Y quien dice el realizador, dice toda la cadena de responsables que van desde ahí hasta la emisión en directo, por muchas excusas (burdas) que quieran presentar ahora a propósito de compromisos de emisión en directo, etc.

Todos sabemos bien cómo se enfocan y desenfocan, se encuadran y desencuadran, se abren y se cierran micrófonos, etc., según sean las cosas que están delante de las cámaras en un plató…

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La “conspiración anglosajona” para la crisis española en medios anglosajones

Socialist Prime Minister José Luis Rodríguez Zapatero has ordered Spain’s official intelligence agency, the National Intelligence Center (CNI), to investigate whether the “Anglo-Saxon media” (aka English-language press) is conspiring to undermine the Spanish economy.

According to the center-left newspaper El País, which is close to the Zapatero government, the CNI is investigating “whether attacks by investors and the aggressiveness of some Anglo-Saxon media are being driven by market forces and challenges facing the Spanish economy, or whether there is something more behind this campaign.”

Tenía entendido que las mentalidades -de gobernantes y comunicadores- que ven conspiraciones en busca de chivos expiatorios para ahorrar molestos errores propios, eran asuntos pasados y sólo propios de mentes conservadoras (así llamadas por las autodenominadas mentes de progreso).

Son muchos y variopintos los medios anglosajones que ya han ironizado sobre la “conspiración anglosajona” montada por el gobierno español para dar razón de la crisis que ya no queda más remedio que reconocer. El más reciente que veo es éste de Pajamas Media.

Quizá es que ahora el progreso ya no viene empujado por los vientos de la historia, que parecen amainar un tanto, y acudir a este clásico expediente de endosar a otros, extranjeros a ser posible, la causa de los propios desmanes o sucesos adversos.

Ramón Salaverría es plagiado por El Mundo.es

Arranco por el dato, aunque no es lo que más me importa. Considérenlo simplemente la percha de arranque de esta nota, que presumo larga: ayer fui objeto de un plagio por parte de ElMundo.es. Un plagio grosero, evidente y, además, innecesario. Un señor plagio, vamos.

Quien lo hizo ni siquiera se molestó en maquillarlo mínimamente; al menos no hasta que lo denuncié en mi Twitter y numerosos internautas se hicieron eco del asunto (¡gracias!). En ese momento, se ve que la denuncia llegó a la redacción de ElMundo.es y trataron de tapar el asunto como fuera. Tarde.

Hablando de plagios, éste que denuncia y refiere en sus pormenores el plagiado, mi amigo y colega Ramón Salaverría, es digno de ser conocido. Sobre todo, por el intento de camuflaje tan burdo como consciente por parte del periódico…

Dimite el periodista del Times investigado por plagio

Zachary Kouwe, el reportero del diario The New York Times investigado por posible plagio de varios artículos del periódico económico The Wall Street Journal, presentó su dimisión el martes.

El diario financiero y afectado por el plagio ha informado que, según una persona conocedora del caso, Kouwe presentó su dimisión al Times. El periódico neoyorkino había abierto una investigación al respecto después de recibir una carta de The Wall Street Journal que señalaba similaridades entre algunos artículos publicados en uno y otro periódico.

Parece normal la dimisión, si se ha producido. Es normal la investigación, si hay esos indicios. Es anormal -aunque resulte más ordinario de lo sabido y pensado- el comportamiento de un plagiador en una redacción.

Vocento se rompe, según Alberto Artero (McCoy)

Un problema, el derivado de la crisis de los medios tradicionales y las funestas consecuencias de los errores propios de ejecución, al que el Grupo se enfrenta en una situación de división absoluta entre sus accionistas lo que impide el consenso necesario ante cualquier estrategia que, en un momento dado, se quiera desarrollar. Las hostilidades entre los Ybarra y los Bergareche son públicas y notorias, con los Luca de Tena como espectadores de excepción. Un enfrentamiento que amenaza con llevarse a Vocento por delante y cuya única salida plausible, a día de hoy y salvo milagro improbable, es la fragmentación de la compañía a través de una liquidación ordenada de la cartera de participadas, la vuelta de la desmantelada periodísticamente ABC a la familia fundadora –que necesitaría apoyo externo para acometer tal operación-, la permanencia de la rama vasca de prensa en poder de los Bergareche y así sucesivamente. El problema sucesorio al que se enfrentan estas familias, con pocos miembros interesados en la toma del relevo cuando llegue el momento, y la todavía sana situación financiera, comparativamente hablando, podrían acelerar el proceso.

Desde ese punto de vista, Vocento ya no requiere tanto un gestor como Vargas sino más bien alguien especializado en el desmantelamiento ordenado del holding empresarial. Y es una pena porque el proyecto tenía todo el sentido del mundo. Sin embargo, como tantas otras veces en la vida, se ha cumplido el viejo aforismo de entre todos la mataron y ella sola se murió.

Fraudes informativos. El caso de la “Marcha por la vida” en USA

Cuando se hablaba de la objetividad en el periodismo (y en las escuelas ad hoc) de los USA, se hablaba a veces de presentar “las dos caras” de la noticia o cosas semejantes, como si la realidad no fuera multifacética. De aquello vamos pasando ahora (no sólo en Usa, ciertamente), en un mix de “infopub” o “infoprop”, a algo que viene a ser información “monofacética”, y de la moneda de dos caras hemos pasado a una especie de “cinta de Moebius”, que viene a ser -no ya una verdad buscada- sino información comercial y/o ideológicamente programada o al menos contaminada.

Sheila Liaguminas constata en su anotación [Exposing media fraud (easy to do)] en torno al “fraude de los medios” en un caso concreto: en los medios presuntamente informativos Usa, cuando se trata de referir hechos asociados a la defensa de la vida humana, han desaparecido las “dos caras”, y sólo aparecen “cintas de Moebius” o el silencio mondo y lirondo.

Al menos, como dice, queda YouTube para mostrar algo de lo sucedido en la última “March for Life”.

The growing movement of pro-life advocates who flow into Washington each January on the anniversary of Roe v. Wade for events culminating in the March for Life have stopped expecting the media to actually notice their swelling numbers and hear their voices. They’re taking coverage of the event directly to the people.

After more than 200,000 mostly young people (the future faces of the abortion battle) gathered on the Mall of Washington, carried signs and chanted, sang, laughed and networked with hundreds of others, they saw either nothing about it on tv news or in the papers, or pathetically distorted attempts to derail the event.

“Fed up with what they call the “mind-boggling corruption” of media coverage of the march, a small production team has released a YouTube video revealing the truth about the enormous event and the skewed media reports that referenced it.

(…)

Éxito de la web “Verdad-Mentira”: políticos, empresarios, artistas y periodistas bajo la lupa

El éxito de la web Verdad-Mentira ha superado las previsiones más optimistas. Más de 40 mil visitantes únicos se han pasado diaramente por la web que analiza con rigor la validez, fiabilidad y exactitud de las declaraciones y promesas hechas por políticos, empresarios, periodistas, artistas y todas las personalidades que marcan la agenda informativa española.

VerdadMentira.com incluye una herramienta automatizada que sopesa y promedia la credibilidad de cada uno de los personajes que, desde los escaños del Congreso a las columnas de los periódicos, pasando por las tertulias y debates de radio y televisión, orientan la opinión en España.

Está muy bien que, como advierte, “VerdadMentira.com utiliza la tecnología de la empresa “NewsPress” y está inspirada en la norteamericana “PolitiFact.com”, promovida por el periódico “St. Petersburg Times” y galardonada con el Premio Pulitzer de Internet el año 2008”.

Pero siempre queda la misma pregunta en el aire: ¿Quién controla la credibilidad del controlador?