La publicación en los medios, principio (no punto final) del proceso informativo

Periodismo_tonipique

Toni Piqué dice cosas muy interesantes en una entrevista en Venezuela, de las que él mismo destaca en Paper Papers (“La actitud insular de las redacciones”) la idea que aquí resume el titular de esta anotación: que el proceso informativo o el trabajo profesional del comunicador (del periodista, en este caso) no acaba en la publicación de algo, ni mucho menos en que ésta tenga lugar en uno u otro soporte material.

Algo que, dicho así, sin más, o entendido superficialmente, puede parecer obvio. Pero es algo que implica la patología profesional de darlo interesadamente por sobrentendido, con presunta inocencia, entre quienes se dedican a la comunicación pública, al no quedar todo lo destacadas y explícitas que precisan las razones que mueven a la publicación de algo, y del modo y manera en que se hace.

Coincido con él en que el busilis de la comunicación pública, y por tanto del periodismo, está más bien en el diálogo cívico o –como dice Toni- en el debate social que se genera a partir de la oferta en los medios de asuntos que merecen ser tomados como relevantes y hacer ver del mejor modo posible qué razones y juicios hay para otorgar el tipo y la relevancia que se les da, y no otros.

Esta es la pregunta y respuesta que hace al caso:

  • -¿Cuáles son las grandes resistencias que ha identificado en los procesos de integración de redacciones?
  • Lo más difícil es el estado mental, esa actitud de resistencia; pensar que la decadencia del papel implica la decadencia del periodismo, y que ajustar su proceso significa matar al propio periodismo.
  • Lo peor es ese ambiente insular que hay en muchas redacciones; y de éste, lo más perjudicial es considerar despreciable al público, a los ciudadanos. Se desprecia su colaboración y se mingonea [ningunea] la posibilidad de que participe en el proceso informativo. Hay maneras de superar esa actitud insular. Yo no conozco ninguna redacción que no quiera hacer buen periodismo; y en cuanto comprenden el proceso, se lanzan como tigres, porque a los periodistas les gusta el periodismo.
  • Hay una frase de Von Clausewitz, un maestro de la estrategia militar, que dice: “En tiempo de guerra, la tradición es el peor enemigo del comandante”. Es decir, no se puede hacer esta guerra con las mismas armas con las que hicimos la anterior. No nos estamos jugando el papel o no el papel. Nos jugamos el periodismo.
  • En las redacciones de los diarios, en general, hay muchas rutinas establecidas que a los propios periodistas nos parece que son parte del periodismo. Pues no. Son simplemente rutinas que ahora tenemos que cambiar.
  • La publicación ya no es el final del proceso informativo; probablemente no es más que el principio. Uno publica y a partir de allí se genera un debate social. Aquí lo importante es el periodismo como debía haberse definido desde siempre: la capacidad de editar y valorar lo que es relevante y darle una expresión adecuada para el público al que el medio se dirige.

 

Sobre las enfermedades profesionales del periodismo (y 3)

Con esta tercera entrega, Jaume Clotet da por concluída esta primera serie de patologías, que también he traducido con Google y añadido algunas correcciones posteriores, tratando de conservar el lenguaje original (por eso suena algo raro hablar de “firmalismo”, pero no se me ha ocurrido otro neologismo).

Lo mismo que el autor, espero que en su voluntaria sencillez sirvan para hacer pensar y actuar de modo que estas patologías -casi epidemias, en algunos casos- no se propaguen demasiado en la profesión.

Dice así:

  • Estas cinco patologías que comento a continuación concluyen esta breve lista de enfermedades profesionales (“Periodismo. Enfermedades profesionales” primera parte y segunda parte: links de la traducción en “Patologías de la comunicación”). Espero no haber ofendido a nadie y que algunos estudiantes hayan aprendido algunas cosas. Más adelante haré una lista de patologías estructurales que sufren los medios de comunicación, sobre todo en nuestro país. Como siempre, basadas en la observación y la experiencia.
  • Gubernamentalismo. Esta enfermedad es gravísima y puede ser terminal para el periodismo o para un medio. El paciente tiende a dar por bueno todo lo que le llega del gobierno o sus tentáculos (policía, bomberos, ayuntamientos, agencias públicas, etc.) sin contrastarlo. No es fácil combatir este síndrome, porque requiere tiempo y esfuerzo, pero sería bueno hacerlo de vez en cuando.
  • Canibalismo. Algunos periodistas canibaliza el trabajo y las ideas de otros compañeros, sobre todo hoy que hay una gran hemeroteca gratuita (conocida como Google) y tantas tertulias y blogs donde pescar puntos de vista y asumirlos. Este socialismo periodístico es más nocivo de lo que parece, porque el talento verdadero puede pasar desapercibido y la mediocridad se puede disfrazar muy fácilmente.
  • Protagonismo. Una de las lecciones que se puede aprender en las facultades de periodismo es aquella que dice que el periodista no debe ser nunca el protagonista de la noticia. Bueno, pues es una lección que se olvida fácilmente, sobre todo en la televisión. Sólo hay que ver cuántos colegas son capaces de tapar la información haciendo todo tipo de actividades sin sentido, como por ejemplo salir del mar con el micrófono en la mano si está hablando de la afluencia en las playas.
  • Firmalismo. Una enfermedad que afecta a muchos periodistas, seguramente la mayoría, es el firmalismo (signaturisme), más conocido con el barbarismo de firmitis. Muchos colegas están convencidos de la importancia de firmar las informaciones. La extensión de esta patología ha motivado que una protesta habitual de los periodistas contra sus empresas sea a través de la llamada “huelga de firmas”. Las informaciones salen como siempre, pero el periodista no la firma (en el caso de los diarios) o no aparece en pantalla (en el caso de la tele). El 90 por ciento de los clientes (lectores o espectadores) ni se enteran y normalmente al patrón le da lo mismo. Por cierto: ningún periodista de The Economist firma sus piezas y no por ello dejan de hacer el mejor semanario del mundo.
  • Analfabetismo. Algunos periodistas hacen aún faltas de ortografía, sobre todo los que escriben en catalán. Teniendo en cuenta que ya hace un cuarto de siglo, por lo menos, que la enseñanza es en catalán, es algo grave. Para corregir esto, todos los medios que trabajan en catalán tienen correctores, cosa que no ocurre con los medios en español. Aviso: no confundir las faltas imperdonables con las perdonables erratas o errores de tecleo.

Las medios y el público: reconfirmando mutuamente ideologías

Dicho así, puede parecer acusatorio para los medios (que no buscan dan razón de lo que hay) y para el público (que no busca hacerse cargo de lo que hay); y de cómo mejorarlo… 

El caso es que parece confirmarse que los medios dicen, cuentan destacan y callan en función lo que piensan o saben que les gustaría leer, oir, o ver a sus lectores, oyentes o espectadores. 

Los lectores, oyentes o espectadores, a su vez, cambian de periódico o emisora si se sienten molestos con lo que leen, escuchan y ven, en la medida en que contradice el color de su ideología política, o cómo les gustaría que fueran las cosas. 

Esto tiene que ver con dos cosas y un pequeño colofón, al menos:

1) parece que para la mayoría de los lectores, oyentes y espectadores, aún cuenta más el modo de aparecer en los medios que el ser en la realidad. Incluso sabiendo que los mismos medios forman parte de la realidad y en buena parte se dedican a cambiar (en principio, a mejor) esa misma realidad. 

2) parece que los medios dedican grandes esfuerzos tanto a buscar consumidores que por su número y capacidad adquisitiva atraigan publicidad, como a confirmar a buena parte de los ciudadanos en su modo ideológico de ver las cosas de la realidad.

El pequeño colofón viene a decir que falta en ambos casos respeto por la realidad del ser de personas y cosas, incluyendo ahí el respeto a las mismas ideologías y la capacidad racional de pensarlas y discutirlas.

El colofón implícito en esto es que, por consiguiente, la verdad deja de tener el lugar relevante que se necesita para vivir una vida digna, y hay una tendencia suicida al relativismo de quedarse con la opinión como sucedáneo.

Esto viene a cuento de lo pensado y publicado en prnoticias.com, a propósito del debate del estado de la nación española:

ZP o Rajoy ¿Quién ganó el debate del Estado de la Nación?

La respuesta depende del periódico en que leamos los detalles del cara a cara, demostrando que la prensa española hace sus análisis exclusivamente basados en su ideología. Como era obvio para El País ganó ZP y para ABC ganó Rajoy. Nada nuevo.

Si alguno de nuestros lectores quiere conocer un análisis equidistante del debate del Estado de la Nación manténgase alejado de los periódicos. Y es que cada diario publica la realidad vista por el prisma de su ideología lo que nos lleva a contrasentidos tan grandes como que dos diarios dan ganadores a dos políticos distintos respecto del mismo enfrentamiento.

Se puede tener una opinión, pero no se puede decir que ha ganado Rajoy o que ha ganado Zapatero simplemente porque ya lo tenían decidido de antemano, incluso antes de escuchar la primera palabra de los contendientes. De esta manera Públicoda a ZP como ganador por paliza frente a Rajoy, el mismo análisis, pero a la inversa, que hace ABC. Del mismo modo, El País se decanta y El Mundo por Rajoy.

Si nos limitamos exclusivamente a las encuestas colgadas en su página web, los resultados son los mismos. La encuesta de El País realizada a sus lectores da como ganador a ZP con un 61% de las preferencias frente al 27% que cree que ha ganado Rajoy. En la misma línea Público da como ganador a Zapatero con un 77% de las preferencias frente al 15% que obtiene Rajoy.

Para los lectores de ABC el triunfo de Rajoy es aplastante por un 64 % ante el 31% que cree que Zapatero ha ganado. Lo mismo que La Razón que da como ganador a Rajoy con un 69% ante el 24% del Presidente de Gobierno. En el difícil empate se queda El Mundo en cuya encuesta gana Rajoy, pero sólo por un 51% de las preferencias ante el 49% de Zapatero. ¿Quién ganó? Pues ninguno de los dos.

 

via prnoticias.com

Sobre las enfermedades profesionales del periodismo (2)

Segunda entrega de “Periodisme. Malalties professionals“, escrito por Jaume Clotet en El Singular Digital.cat (ver la primera entrega en “Patologías de la Comunicación”).

Sigue llamándolas con neologismos más o menos indicativos de lo que su experiencia le ha enseñado respecto de algunas de las malas prácticas profesionales.

La enumeración incluye de forma casi ingenua y ocurrente algunas de las enfermedades que aquejan al periodismo.

La traducción del catalán al castellano es de Google, con pocos y leves retoques, respetando la tendencia lingüística del autor:

  • Aquí les paso la segunda lista de patologías que sufren muchos periodistas. Insisto en que cada caso está basado en la experiencia y en la observación científica en su hábitat natural. Si usted es periodista, seguro que también es capaz de poner cara y nombre a personas que padecen estas enfermedades.
  • Lorismo. El síndrome del loro afecta sobre todo a los colegas que tienen ideas muy concretas sobre un tema y no las modulan o adaptan en función de los cambios que van pasando a lo largo de los años. Es una forma de inmovilismo mental que daña muchos buenos periodistas. Cuando van a tertulias o hacen artículos de opinión replican sistemáticamente las mismas ideas. Con el tiempo se agrava la capacidad de análisis para que el enfermo deje de encajar todo con su manera de pensar.
  • Adivinismo. Muchos periodistas confunden su trabajo con la futurología o el tarot. Hacen travesías y cábalas sobre qué pasará, donde pasará, quién lo dirá o cuando será, en vez de decir qué ha pasado y sobre todo porque ha pasado. El objetivo es una carrera frenética para que llegue el día luminoso en el que se pueda decir la frase mágica: “yo ya lo dije!”. Por el contrario, nunca hemos visto ningún periodista levantarse y decir “yo dije lo contrario”. Con la larga y pesada deliberación del Tribunal Constitucional hemos tenido ejemplos a montones.
  • Gigantismo. Esta patología es una secuela del meteorismo y consiste en la percepción que tienen algunos periodistas que su valor es extraordinaria. Suelen ser poco partidarios de la cadena de mando y se piensan que saben más que sus jefes. Es evidente que no se preguntan las razones por las que ellos no son los jefes, sino redactores, y otros sí han llegado a jefes. Suelen hacer muy difícil la vida en la redacción, por el mismo carácter agrio que caracteriza a los pacientes de meteorismo.
  • Desprecismo. Es un fenómeno que he observado en varias ocasiones y que me sorprende muchísimo. Su mecanismo es tan sencillo como inexplicable: cuando a un periodista se le explica algo que debería saber pero que hasta entonces no conocía, muchas veces responde con desprecio minimizando la nueva y valiosa información. Ejemplo: un periodista trabaja sobre los problemas del comercio. Entonces un compañero de redacción se acerca y le ofrece una información relevante que le han explicado y que puede ser útil. Habitualmente, el primer redactor pone buena cara y le dice que “gracias” pero acto seguido borra la información de su cabeza.

Sobre las enfermedades profesionales del periodismo (1)

Según recoge Toni Piqué en Paper Papers, el periodista Jaume Clotet ha iniciado en El Singular.com la publicación de una especie de diccionario informal de enfermedades profesionales del periodismo (“Periodisme. Malaties professionals (I)”).

Algo sin pretensiones academicistas, muy adecuado para ser recogido, traducido (via Google) y difundido en este lugar dedicado a las patologías de la comunicación. Y también digno de ser seguido en las sucesivas entregas.

Dice así esta primera entrega:

Este fin de semana, como en tantas otras ocasiones, alguien volvía con la cantinela sobre lo que los periodistas somos y lo que deberíamos ser. Como ocurre a menudo, se nos culpa de ser corresponsables de los problemas políticos o sociales del país; de no informar bien o hacerlo mal, ya sea por incapacidad o por tendenciosidad. Como hay parte de verdad en esta crítica, intentaré hacer un repaso de los principales defectos de mi profesión. Los que mencionaré hoy y en capítulos posteriores son patologías reales que he podido ver, algunas por desgracia en demasiadas ocasiones. Vaya por delante que yo mismo he sufrido, probablemente, alguna de estas enfermedades en algún momento. Me disculpo. También quede claro que siempre he procurado buscar un remedio para volver al recto camino.

Propagandismo. Algunos colegas confunden el periodismo con la toma de partido. Es decir, olvidan que su misión es informar (o analizar o comparar o contextualizar o recordar) y se dejan llevar por sus convicciones ideológicas. Partiendo de la base de que ningún periodista es neutral, el principal combate de un profesional debe ser contra sí mismo. Esta patología, que es muy grave, no debe confundirse con la línea editorial de un medio, que marca el editor y el director, y que es muy necesaria.

Meteorismo. Es una enfermedad que afecta a periodistas jóvenes que, a menudo dotados de un ego de dimensiones argentinas, creen que serán estrellas del periodismo en sólo dos días. A menudo son excesivamente alabados y halagados por otros colegas, generalmente de más edad, que se ven reflejados y los intentan apadrinar. El tiempo suele ponerlos en su lugar, lo que atempera su carácter y los pone en situación de ser buenos periodistas. Otros no aceptan que son humanos y adoptan un carácter agrio.

Amiguismo. Por la propia dinámica profesional, un periodista trata con muchas personas (políticos, empresarios, abogados, policías, médicos, profesores …) con algunas de las cuales termina estableciendo un vínculo afectivo. Esto está muy bien hasta que, ¡ay!, Algún día tiene que informar sobre alguna de estas personas en términos negativos. Entonces llegan los dolores de vientre y las excusas, que suelen traducirse en la redacción lightde la noticia y en añadir agua al vino, lo que es una estafa al cliente (lector, oyente o espectador).

Subornismo. Una patología derivada de lo anterior es directamente el soborno y su alegre aceptación por parte del periodista. Recuerdo el caso de un colega a quien una empresa automovilística regaló un coche después de que le dedicara no-sé-cuantos reportajes asegurando que era un vehículo fabuloso. La parte más patética del caso es que él lo explicaba bien satisfecho a todo el mundo sin ponerse rojo, todo esparciendo los virus de su tremenda enfermedad.

Arcadi Espada sobre la falacia político-periodística del ‘propter hoc’

No está de más tener en cuenta esta repetida falacia que inclina la querencia y deriva del periodismo (junto a la política y el poder) hacia la sofística.

Una de las costumbre más infecciosas de la política, y también del periodismo, es la práctica de la famosa falacia «post hoc ergo propter hoc» que identifica la cronología con la causa. Se ve muy bien en el simpático ejemplo que pone la wikipedia: como el gallo siempre canta poco antes de la salida del sol será que el canto del gallo provoca la salida del sol. La política especula muy a menudo con la falacia y procura que sus agentes se sitúen de tal modo entre los hechos que fácilmente puedan ser identificados con la causa auténtica (y honrosa) de los hechos. En cuanto al periodismo, siempre demasiado desatento al cómo de las cosas, la falacia le permite salvar muchas veces la cara de su comprensible ignorancia (y obstinación) sobre el porqué de las cosas.Un ejemplo actualísimo de la falacia es el caso de la anunciada liberación de los presos cubanos. A punto de producirse el anuncio del hecho la política desplazó hasta allí a su agente Moratinos. Rápidamente la prensa socialdemócrata, también puntualmente desplazada, lo ungió como el míster Propter de la situación. Es decir, la causa suficiente de que la dictadura abra la mano y se incline por la compasión.La falacia, cualquier falacia, es siempre un accidente técnico. Pero en este caso tiene un muy desagradable añadido moral. El 23 de febrero de este año el ciudadano cubano Orlando Zapata, preso en las siniestras cárceles de su país, murió de hambre para denunciar las condiciones de la vida carcelaria y por exigir la libertad de los presos. Otro disidente, Guillermo Fariñas, ha llevado su hambre hasta tal punto (136 días) que es improbable que le quede una vida sin graves secuelas. Pues bien: la lucha extrema de estos dos hombres ha sido hasta ahora fangosamente ignorada en la noticia dada sobre la liberación. No sólo eso: el bonachón (¡ah, la plusvalía de los gordos!) ministro Moratinos dijo que habría sido una muestra de oportunismo fotografiarse con el moribundo Fariñas. ¡La fotografía era el oportunismo, y no el entero viaje post hoc!La sostenida, aunque oscilante, presión internacional; la gestión de la Iglesia Católica; y si se quiere hasta la contemporización Moratinos merecen anotarse como causas necesarias de la decisión cubana. Pero es un escandaloso fraude moral la desaparición de la escena de los muertos de hambre. Nunca como con el sacrificio de Orlando Zapata y Guillermo Fariñas ha estado el régimen cubano en la esquina humillada del mundo. Y sin embargo el mensaje que se envía al mundo no los nombra. (…)

¿Qué le pasa al “New York Times” con Benedicto XVI?

Leído lo escrito por Diego Contreras, recomiendo tomar nota de lo que dice sobre el NY Times. Todo un asunto a discernir, por aquello de que a lo mejor ha entrado en zona de “patología de la comunicación”.

Hace falta tener mucha paciencia para leer el texto completo que publica hoy, en primera página, The New York Times. Paciencia, porque es muy largo (3.900 palabras); paciencia, porque no demuestra lo que “promete”; y paciencia, porque no se sabe si estamos ante un reportaje informativo o ante un artículo de opinión.  El texto, en efecto, tiene una tesis: que Benedicto XVI, “ahora está claro, fue parte [durante sus años en la Congregación para la Doctrina de la Fe] de una cultura de la no responsabilidad, de la negación, de los obstáculos legales y la obstrucción.” Todo esto, claro está, referido a la cuestión de los crímenes de abusos.