Sobre las enfermedades profesionales del periodismo (1)

Según recoge Toni Piqué en Paper Papers, el periodista Jaume Clotet ha iniciado en El Singular.com la publicación de una especie de diccionario informal de enfermedades profesionales del periodismo (“Periodisme. Malaties professionals (I)”).

Algo sin pretensiones academicistas, muy adecuado para ser recogido, traducido (via Google) y difundido en este lugar dedicado a las patologías de la comunicación. Y también digno de ser seguido en las sucesivas entregas.

Dice así esta primera entrega:

Este fin de semana, como en tantas otras ocasiones, alguien volvía con la cantinela sobre lo que los periodistas somos y lo que deberíamos ser. Como ocurre a menudo, se nos culpa de ser corresponsables de los problemas políticos o sociales del país; de no informar bien o hacerlo mal, ya sea por incapacidad o por tendenciosidad. Como hay parte de verdad en esta crítica, intentaré hacer un repaso de los principales defectos de mi profesión. Los que mencionaré hoy y en capítulos posteriores son patologías reales que he podido ver, algunas por desgracia en demasiadas ocasiones. Vaya por delante que yo mismo he sufrido, probablemente, alguna de estas enfermedades en algún momento. Me disculpo. También quede claro que siempre he procurado buscar un remedio para volver al recto camino.

Propagandismo. Algunos colegas confunden el periodismo con la toma de partido. Es decir, olvidan que su misión es informar (o analizar o comparar o contextualizar o recordar) y se dejan llevar por sus convicciones ideológicas. Partiendo de la base de que ningún periodista es neutral, el principal combate de un profesional debe ser contra sí mismo. Esta patología, que es muy grave, no debe confundirse con la línea editorial de un medio, que marca el editor y el director, y que es muy necesaria.

Meteorismo. Es una enfermedad que afecta a periodistas jóvenes que, a menudo dotados de un ego de dimensiones argentinas, creen que serán estrellas del periodismo en sólo dos días. A menudo son excesivamente alabados y halagados por otros colegas, generalmente de más edad, que se ven reflejados y los intentan apadrinar. El tiempo suele ponerlos en su lugar, lo que atempera su carácter y los pone en situación de ser buenos periodistas. Otros no aceptan que son humanos y adoptan un carácter agrio.

Amiguismo. Por la propia dinámica profesional, un periodista trata con muchas personas (políticos, empresarios, abogados, policías, médicos, profesores …) con algunas de las cuales termina estableciendo un vínculo afectivo. Esto está muy bien hasta que, ¡ay!, Algún día tiene que informar sobre alguna de estas personas en términos negativos. Entonces llegan los dolores de vientre y las excusas, que suelen traducirse en la redacción lightde la noticia y en añadir agua al vino, lo que es una estafa al cliente (lector, oyente o espectador).

Subornismo. Una patología derivada de lo anterior es directamente el soborno y su alegre aceptación por parte del periodista. Recuerdo el caso de un colega a quien una empresa automovilística regaló un coche después de que le dedicara no-sé-cuantos reportajes asegurando que era un vehículo fabuloso. La parte más patética del caso es que él lo explicaba bien satisfecho a todo el mundo sin ponerse rojo, todo esparciendo los virus de su tremenda enfermedad.

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