Sobre las enfermedades profesionales del periodismo (2)

Segunda entrega de “Periodisme. Malalties professionals“, escrito por Jaume Clotet en El Singular Digital.cat (ver la primera entrega en “Patologías de la Comunicación”).

Sigue llamándolas con neologismos más o menos indicativos de lo que su experiencia le ha enseñado respecto de algunas de las malas prácticas profesionales.

La enumeración incluye de forma casi ingenua y ocurrente algunas de las enfermedades que aquejan al periodismo.

La traducción del catalán al castellano es de Google, con pocos y leves retoques, respetando la tendencia lingüística del autor:

  • Aquí les paso la segunda lista de patologías que sufren muchos periodistas. Insisto en que cada caso está basado en la experiencia y en la observación científica en su hábitat natural. Si usted es periodista, seguro que también es capaz de poner cara y nombre a personas que padecen estas enfermedades.
  • Lorismo. El síndrome del loro afecta sobre todo a los colegas que tienen ideas muy concretas sobre un tema y no las modulan o adaptan en función de los cambios que van pasando a lo largo de los años. Es una forma de inmovilismo mental que daña muchos buenos periodistas. Cuando van a tertulias o hacen artículos de opinión replican sistemáticamente las mismas ideas. Con el tiempo se agrava la capacidad de análisis para que el enfermo deje de encajar todo con su manera de pensar.
  • Adivinismo. Muchos periodistas confunden su trabajo con la futurología o el tarot. Hacen travesías y cábalas sobre qué pasará, donde pasará, quién lo dirá o cuando será, en vez de decir qué ha pasado y sobre todo porque ha pasado. El objetivo es una carrera frenética para que llegue el día luminoso en el que se pueda decir la frase mágica: “yo ya lo dije!”. Por el contrario, nunca hemos visto ningún periodista levantarse y decir “yo dije lo contrario”. Con la larga y pesada deliberación del Tribunal Constitucional hemos tenido ejemplos a montones.
  • Gigantismo. Esta patología es una secuela del meteorismo y consiste en la percepción que tienen algunos periodistas que su valor es extraordinaria. Suelen ser poco partidarios de la cadena de mando y se piensan que saben más que sus jefes. Es evidente que no se preguntan las razones por las que ellos no son los jefes, sino redactores, y otros sí han llegado a jefes. Suelen hacer muy difícil la vida en la redacción, por el mismo carácter agrio que caracteriza a los pacientes de meteorismo.
  • Desprecismo. Es un fenómeno que he observado en varias ocasiones y que me sorprende muchísimo. Su mecanismo es tan sencillo como inexplicable: cuando a un periodista se le explica algo que debería saber pero que hasta entonces no conocía, muchas veces responde con desprecio minimizando la nueva y valiosa información. Ejemplo: un periodista trabaja sobre los problemas del comercio. Entonces un compañero de redacción se acerca y le ofrece una información relevante que le han explicado y que puede ser útil. Habitualmente, el primer redactor pone buena cara y le dice que “gracias” pero acto seguido borra la información de su cabeza.
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