Sobre las enfermedades profesionales del periodismo (y 3)

Con esta tercera entrega, Jaume Clotet da por concluída esta primera serie de patologías, que también he traducido con Google y añadido algunas correcciones posteriores, tratando de conservar el lenguaje original (por eso suena algo raro hablar de “firmalismo”, pero no se me ha ocurrido otro neologismo).

Lo mismo que el autor, espero que en su voluntaria sencillez sirvan para hacer pensar y actuar de modo que estas patologías -casi epidemias, en algunos casos- no se propaguen demasiado en la profesión.

Dice así:

  • Estas cinco patologías que comento a continuación concluyen esta breve lista de enfermedades profesionales (“Periodismo. Enfermedades profesionales” primera parte y segunda parte: links de la traducción en “Patologías de la comunicación”). Espero no haber ofendido a nadie y que algunos estudiantes hayan aprendido algunas cosas. Más adelante haré una lista de patologías estructurales que sufren los medios de comunicación, sobre todo en nuestro país. Como siempre, basadas en la observación y la experiencia.
  • Gubernamentalismo. Esta enfermedad es gravísima y puede ser terminal para el periodismo o para un medio. El paciente tiende a dar por bueno todo lo que le llega del gobierno o sus tentáculos (policía, bomberos, ayuntamientos, agencias públicas, etc.) sin contrastarlo. No es fácil combatir este síndrome, porque requiere tiempo y esfuerzo, pero sería bueno hacerlo de vez en cuando.
  • Canibalismo. Algunos periodistas canibaliza el trabajo y las ideas de otros compañeros, sobre todo hoy que hay una gran hemeroteca gratuita (conocida como Google) y tantas tertulias y blogs donde pescar puntos de vista y asumirlos. Este socialismo periodístico es más nocivo de lo que parece, porque el talento verdadero puede pasar desapercibido y la mediocridad se puede disfrazar muy fácilmente.
  • Protagonismo. Una de las lecciones que se puede aprender en las facultades de periodismo es aquella que dice que el periodista no debe ser nunca el protagonista de la noticia. Bueno, pues es una lección que se olvida fácilmente, sobre todo en la televisión. Sólo hay que ver cuántos colegas son capaces de tapar la información haciendo todo tipo de actividades sin sentido, como por ejemplo salir del mar con el micrófono en la mano si está hablando de la afluencia en las playas.
  • Firmalismo. Una enfermedad que afecta a muchos periodistas, seguramente la mayoría, es el firmalismo (signaturisme), más conocido con el barbarismo de firmitis. Muchos colegas están convencidos de la importancia de firmar las informaciones. La extensión de esta patología ha motivado que una protesta habitual de los periodistas contra sus empresas sea a través de la llamada “huelga de firmas”. Las informaciones salen como siempre, pero el periodista no la firma (en el caso de los diarios) o no aparece en pantalla (en el caso de la tele). El 90 por ciento de los clientes (lectores o espectadores) ni se enteran y normalmente al patrón le da lo mismo. Por cierto: ningún periodista de The Economist firma sus piezas y no por ello dejan de hacer el mejor semanario del mundo.
  • Analfabetismo. Algunos periodistas hacen aún faltas de ortografía, sobre todo los que escriben en catalán. Teniendo en cuenta que ya hace un cuarto de siglo, por lo menos, que la enseñanza es en catalán, es algo grave. Para corregir esto, todos los medios que trabajan en catalán tienen correctores, cosa que no ocurre con los medios en español. Aviso: no confundir las faltas imperdonables con las perdonables erratas o errores de tecleo.
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