Salvador Sostres: El columnista como problema sectario, de régimen, de checa, de securitate, de pensamiento único.

Salvador Sostres escribió anteayer un interesante artículo en el diario El Mundo (“Insultos”), hablando acerca de las críticas que habitualmente recibe. Y razona que son simplemente críticas “de parte” que pretenden abarcar el todo: críticas con una tendencia o vocación o pretensión que resulta más bien totalitaria. 

Sin duda, señala una tendencia o situación patológica de la comunicación pública, en cuanto que los medios que tienden a instaurar un “pensamiento único” en la opinión pública, pretendiendo que los ciudadanos piensen y juzguen según esa misma lógica, resultan perniciosamente intolerantes en su deforme e interesada manera de hacer ver la realidad a los demás.

Esto escribe Salvador Sostres al respecto, vivido en primera persona:

«El problema de tus artículos es que insultas, Sostres», me dicen a veces, y no es una apreciación exacta. Simplemente trato de encontrar el adjetivo oportuno, la metáfora adecuada: el sentido trágico de la vida española sólo puede explicarse con una estética sistemáticamente deformada. Lo dice Valle: «Los héroes clásicos han ido a pasearse al callejón del Gato». 

El problema no son mis artículos sino que los de un bando ideológico se han acostumbrado a despreciar y a insultar a los demás, a convertir al adversario en enemigo y a tratar de exterminarle. Y en su dinámica de rabia y odio creen que cualquier discrepancia es insultante y se sienten amenazados ante cualquier ejercicio de libertad. 

Están tan acostumbrados a insultar a José María Aznar, a llamarle fascista, y genocida por lo de la guerra de Irak, y a culparle de los atentados de Atocha, que cualquiera que escriba que hay que ser un miserable para decir tales cosas es visto como un maleducado. El problema es que hay mucha gente en España que se ha acabado creyendo que la más flatulenta propaganda socialdemócrata es algo parecido a la verdad. 

Están tan acostumbrados a demonizar a Israel que se percibe como un insulto recordar que Arafat era un terrorista y que el objetivo de Hamas es destruir el único Estado democrático y libre de aquella región. La judeofobia y el antisemitismo se han instalado de tal modo y con tal naturalidad en tantos discursos y en tantos corazones que muchos han llegado a la conclusión de que el mero defender el derecho de existir del Pueblo Elegido -y por lo tanto su derecho de defenderse- es pura retórica criminal. 

El problema es que los progresistas españoles no tienen una buena relación con el mundo libre y siempre han sido otros sus referentes. Están tan acostumbrados al victimismo antiamericanista que se sienten agredidos cuando les recuerdas quién ha defendido y garantizado siempre nuestra libertad. 

Están tan acostumbrados a saquear a los empresarios que al que denuncia la magnitud del atraco se le acusa de provocar. Te llaman provocador cuando los que se provocan son ellos, te llaman polemista cuando son ellos son los que viven de polemizar y de armar follón con lo que tú escribes. 

Están tan acostumbrados a secuestrar el lenguaje que se escandalizan cuando otros tratamos de recuperar el sentido de cada palabra, y tratan de echarte del debate en lugar de discutir las ideas. 

Están tan acostumbrados a decirnos lo que tenemos que pensar que cualquier razonamiento que vaya más allá de sus prescripciones te convierte en un delincuente. 

Están tan acostumbrados a deformar la realidad que se consideran en el centro del debate cuando en realidad están en uno de sus extremos más grotescos y equivocados. 

Mis artículos no contienen ni un 10% de los insultos que me han dedicado por haberlos escrito. Y yo no he pedido en mi vida que echen a nadie de ninguna parte. ¡En absoluto! 

Si escribiera exactamente con las mismas palabras y expresiones en favor de la propaganda izquierdista, en favor del ecologismo, del feminismo o de los palestinos sería el tío más popular de España, el columnista más querido. Mi estilo sería considerado valiente y comprometido. Ya no serían un problema mis artículos. 

El problema no son mis supuestos insultos. Cuando se cree que un columnista es un problema, es que el problema es de régimen, de checa, de securitate, de pensamiento único. Y de que quieren ponernos de espaldas contra el muro.

 

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