Guerra Eterna: El fin de Wikileaks

Julian Assange ha anunciado hace unos minutos que el bloqueo financiero que sufre Wikileaks está a punto de acabar con ella. La imposibilidad de recibir donaciones a causa del boicot de Visa, Paypal y otras entidades financieras les ha dejado sin fondos. De hecho, de no cambiar la situación, Wikileaks dejará de funcionar en 2012.

Como ejemplo, ha comentado que en 2010 recibían una media de 100.000 euros mensuales en donaciones. Esa cifra se ha reducido un año después a una cantidad de entre 6.000 y 7.000 euros al mes. Assange cifra la cantidad de dinero perdido en más de 50 millones (siempre que se se hubiera mantenido ese nivel de donaciones). Y dice que Wikileaks necesitaría 3,5 millones de dólares para continuar trabajando en los próximos doce meses.

La conferencia de prensa es una forma de denunciar esta situación y convencer por ejemplo a la Comisión Europea de que impida que varias empresas norteamericanas controlen el flujo de fondos sin el cual es imposible ejercer el derecho a la libertad de expresión. Con independencia del peso del argumento, no parece que los gobiernos europeos tengan mucho interés en convertirse en salvadores de Wikileaks.

Lo cierto es que desde que difundió los documentos del Departamento de Estado en colaboración con varios medios de comunicación, Wikileaks no ha vuelto a hacer público material nuevo porque no tiene una forma segura de que la gente pueda entregarlos. Assange ha dicho que van a poner en práctica un nuevo sistema porque el anterior no garantiza ya la seguridad.

Es lo malo de enfrentarse de una forma u otra al sistema. No puedes aspirar a que las principales instituciones del sistema te faciliten la tarea. Y si su actitud supone una violación de ciertos principios legales, sólo te queda ir a los tribunales e iniciar un largo proceso jurídico para el que no tienes fondos suficientes.

La relación simbiótica con los medios de comunicación tiene una efectividad reducida. Sólo dura mientras los otros también salen beneficiados. Y es incluso contraproducente cuando ese contacto salta por los aires en mitad de recriminaciones mutuas, como ha ocurrido con la guerra entre Wikileaks y The Guardian. El periódico británico rompió relaciones con Julian Assange y sus principales periodistas no han desaprovechado ninguna oportunidad para desprestigiar al editor de Wikileaks. Lo mismo que ha hecho el propio Assange con sus antiguos aliados.

La suspensión “temporal” de actividades se convertirá en definitiva si Wikileaks no encuentra formas alternativas de recibir donaciones. En una bicicleta, si no pedaleas, te caes. Y Wikileaks no ha sabido/podido montar una organización que pudiera evadirse del bloqueo y convertir en dinero el extraordinario impacto de sus actividades.

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