Guillermo Ortiz: El papelón del periodismo en la campaña electoral española

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Durante los últimos años habíamos visto a medios que aceptaban ruedas de prensa sin preguntas, transcripciones oficiales de tal o cual sede, vídeos de campaña previamente editados por los propios partidos… pero hasta el “gran debate” no vimos por fin a un periodista que, después de los servicios prestados, se decidiera a levantarse y aplaudir emocionado.

Por supuesto, no es nada más que una gota en el agua, pero cada gota puede colmar un vaso. El nivel del cara a cara entre Rubalcaba y Rajoy fue el que se preveía. No hay para más. Lo único que le quedó claro al espectador fue que “y tú más”, remontándose incluso a cifras de delincuencia de hace diez años.

Lógico: uno ya era Secretario de Estado en 1988 y el otro entró directamente de Ministro en 1996. Ese es el futuro de nuestro país.

Discutir a los políticos tiene sus riesgos, en eso todos estamos de acuerdo. Una sociedad que desprecia a sus políticos y al propio sistema democrático es una sociedad que se puede meter en un problema muy gordo en muy poco tiempo. Así, Weimar. Dejemos, pues, a los partidos a un lado y miremos en otra dirección, la del principio: ¿Qué está haciendo la prensa en toda esta crisis de distanciamiento con los ciudadanos?

Lo dicho: calla, luego se levanta y finalmente aplaude.

Durante casi 24 horas, en la televisión pública, hubo un logo anunciando el debate con cuenta atrás incluida. Publicidad gratuita para dos candidatos, dos partidos concretos, durante horas y horas, pasara por ahí Águila Roja o Juan Echanove comiéndose otro lechazo. Aquello fue vergonzoso, ¿dónde estaba entonces la Junta Electoral Central? A lo suyo: acotando calles para posibles protestas y desestimando recursos de UPyD.

Analicemos el debate mismo: una idea del periodismo que se comprometía a no molestar. No solo eso, sino que el moderador se lanzó de entrada a un panegírico redundante en el que casi besaba las manos a Rajoy y Rubalcaba por aceptar estar ahí y dejarle acompañarles en tan distinguida mesa. A cambio, cumplió su función a la perfección: se limitó a informar del tiempo que quedaba, como si aquello fuera Pasapalabra. En eso se ha convertido el periodismo, una escuela de cronometradores.
Digo yo que entre Ana Pastor y esto habrá algún término medio.

Si la política y la economía se encuentran en una encrucijada, la prensa no puede mantenerse al margen. Los ingresos disminuyen, los medios cierran, la gente se queda en la calle… Todo esto debería acercarles más al clima de desconfianza y sin embargo ellos insisten: “El PP afirma…”, “El PSOE reclama…”. El periódico como boletín oficial del partido. Decenas de distintos Pravdas.

Me consta que hay grandes periodistas preocupados por esta deriva. Yo, como articulista, profesor y filósofo, estoy aterrado y sobre todo desprotegido. Campo Vidal felicitando a los dos por el altísimo nivel de aquel empate a cero ruinoso y los demás con las bocas abiertas al otro lado del televisor.

Como dice mi amigo Diego Salazar, esta es la España que nos ha dejado Mediaset.

 

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