S. McCoy: El escándalo de la televisión en España

Alucinante, escandaloso, demencial. Es difícil encontrar otros adjetivos para explicar lo que ha ocurrido con el mercado televisivo a lo largo de las dos legislaturas socialistas. La fusión de Antena 3 y La Sexta es el trazo final que permite cerrar el círculo de un disparate económico e intelectual que termina exactamente en el mismo punto en el que empezó… pero peor. Dos cadenas privadas dominan el cotarro, Antena 3 y Telecinco; eso sí, sin la competencia por el pastel publicitario de Televisión Española. El resto de las generalistas, apenas puede crecer asfixiado como se encuentra por unos costes de emisión disparatados y la negativa de las autoridades de competencia a permitir la comercialización conjunta de sus espacios con las majors, por mucha pauta única –emisión de los cortes en los mismos momentos- que se invoque. Las televisiones autonómicas se encuentran, en  su gran mayoría, quebradas y sometidas al escrutinio de unos gobiernos locales que tienen que optar entre su cierre y/o imposible privatización o bajar el sueldo a los funcionarios. Solo los canales temáticos parecen dar alguna alegría a sus atribulados propietarios. Poco consuelo parece.

Como en tantos otros sectores, el diseño del mapa audiovisual español se hizo con el coxis o rabadilla. A la primera multiplicación de actores analógicos en aras de una supuesta pluralidad que escondía espurios intereses propagandísticos, se unió el imprescindible fenómeno de la digitalización que, vendida como igualdad de oportunidades, suponía un esfuerzo financiero sin precedentes para muchos de los que estaban en cola intentando lanzar sus proyectos. No solo por el coste de la señal sino por la obligatoriedad de emitir 24×7, a todas horas, todos los días del año. Muchos se lanzaron a la aventura extrapolando en sus modelos los tiempos de bonanza que la crisis estructural de la publicidad ha alejado, me temo, para siempre. De esos barros vienen estos lodos. De hecho, solo los multiplex de los grupos consolidados han podido navegar sin apuros económicos el nuevo escenario, que mantiene en la cuerda floja a aquellos que, incapaces de autofinanciarse, dependen para su supervivencia de unos fondos ajenos, de accionistas o entidades de crédito, que son cada días más escasos. La falta de recursos repercute en la programación, ésta en la audiencia, el share en los anunciantes y vuelta a empezar.

Conscientes de esa situación, las medidas aplicadas por el gobierno anterior fueron encaminadas a desfacer, del modo menos doloso para sus amigos, tales entuertos bien actuando sobre sus ingresos, al alza a través de la eliminación selectiva de un competidor publicitario como RTVE, bien facilitando, en última instancia, fusiones que permitan actuar sobre los costes y aliviar las cuentas de resultados de las cadenas. Los únicos beneficiados de tales acciones han sido A3 y T5 que se han convertido en un duopolio que controla más del 85% de la publicidad en televisión en España. El resto, no ha olido ventaja alguna. Un hecho que deslegitima, más que nunca, el nuevo modelo de financiación de la tele pública, basado en el recurso a los presupuestos del estado y a terceros que pasaban por allí como las compañías de telecomunicaciones. No hay razón alguna que lo justifique. Deberían volver a ella los anuncios, sin perjuicio de que sea necesaria una restructuración adicional que asegure la viabilidad del ente a futuro. Con todos los peros que se le puedan poner, La Sexta ha probado que es posible funcionar con una estructura mínima. Su problema no ha sido éste sino una falta de cuota de pantalla que le ha impedido rentabilizar las inversiones en determinados contenidos.

Es esencial para la salud democrática de un país contar con medios de comunicación independientes editorialmente y fuertes financieramente si se quiere que ejerzan su responsabilidad como Cuarto Poder, controlador del resto de los poderes del estado. Hace tiempo que no es el caso en España en general y en la televisión en particular. Los que presentan cuentas saneadas están al servicio de unos accionistas que son, en un porcentaje sustancial, extranjeros a los que importa en menor medida el futuro de nuestra nación en tanto que a ellos les vaya bien, lobistas de sus propios intereses. Aquellos que tratan de ejercer el periodismo en libertad se ven abocados a una maltrecha supervivencia en la que su actividad se ve condicionada por su penuria económica, errores propios, que los hay y muchos, aparte. Esa es la herencia que deja Zapatero. En su afán por controlar la industria, ésta se ha descontrolado. Su reconducción es difícil pero no imposible. Ha de girar sobre la eliminación de los conejos que el anterior ejecutivo se sacó de la chistera para contentar a unos pocos, boomerang que se ha vuelto en su contra; la racionalización del espectro y de su uso para abaratar costes y fomentar la competencia; y la actuación de oficio de las autoridades ante una concentración que aumenta de manera natural en momentos de crisis, búsqueda de la eficiencia, y supone la muerte en vida de muchos los que intentaron la loca aventura de poder ser alguien mediáticamente hablando. Y ya puestos, imponer unas ciertas reglas sobre el contenido que las adecuen a la función social que cumplen sin renunciar, con fines educativos, a los idiomas origanes, léase inglés Así sea.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s