PatriciaHA, PatHernando y LeticiaVazquezP: La relatividad de los medios o ¿cuántos hombres de rojo hay?

El pasado lunes 20 de febrero, una polémica fotografía de la llamada Primavera Valenciana dio la vuelta a España. La imagen de la discordia era esta:

La instantánea fue tomada por Juan Carlos Cárdenas, fotógrafo de la agencia EFE, en mitad del enfrentamiento entre estudiantes (y otros ciudadanos que se solidarizaron con ellos) y policías antidisturbios, en el centro de Valencia. En ella se ve a varios jóvenes contra la pared y a un anciano al que un Policía está agarrando. Hasta ahí lo que se ve objetivamente en la foto. A partir de aquí, empiezan las interpretaciones, malentendidos y demás.

Los usuarios de redes sociales empezaron a difundir dicha imagen, sobre todo por Twitter, interpretando lo sucedido de la siguiente forma: “La Policía maltrata a un anciano ciego”. La longitud del palo que sostiene en su mano en dicha instantánea apoya la teoría de su invidencia, pues parece un bastón. Y la verdad es que, sin saber lo que ha pasado segundos antes ni lo que pasará después, es una versión de los hechos bastante creíble. E indignante, claro.

Comienza el efecto viral típico de estos casos. La foto da la vuelta a España. La gente se indigna muchísimo por la “brutalidad policial” contra un invidente. Y la opinión pública se torna radicalmente en contra de la Policía, que ya no sólo agrede niños, sino también ancianos, y encima ciegos. Pero las cosas no siempre son lo que parecen…

Mientras, los medios de comunicación afines al actual gobierno quisieron ofrecer otra versión de los hechos. Para ello, compartieron un vídeo que sí muestra lo sucedido antes, durante y después de la famosa fotografía. En éste podemos observar que “el hombre de rojo” no es un invidente agredido por la Policía, sino que es éste quien le quita la defensa a un agente.

Con esto ya quedaba desmontada la teoría de la agresión al anciano ciego. Pero la cosa no queda aquí. En un intento de seguir desacreditando a los manifestantes y apoyando a la Policía, de otorgarle mayor fuerza a su teoría de que la actuación policial de Valencia está justificada, algunos empiezan a mezclar churros con merinas. O más bien, empiezan a colarnos a otros hombres de rojo, en otros lugares de Valencia, como si fueran “el original”, el de la imagen de la discordia.

Así, hemos llegado a distinguir hasta a tres señores diferentes, todos con la parte de arriba roja y el pelo canoso, pero con diferencias sustanciales que nos confirman que no son la misma persona. El problema es que aparecen en los medios como si se tratara siempre del mismo hombre, el que retrató Juan Carlos Cárdenas la mañana del lunes día 20, el que se ha convertido en uno de los protagonistas mediáticos de la Primavera Valenciana, el supuesto invidente.

Para rizar aún más el rizo, dos de esos tres hombres de rojo le quitan la porra a un agente de la Policía. El tercero sólo se encara. Todo esto puede sonar a teoría de la conspiración, pero sólo hay que jugar a encontrar las diferencias entre uno y otros:

– Hombre de rojo número 1, supuesto invidente. Es el mayor y el más delgado de los tres, no lleva barba ni gafas. También le podemos identificar por la gente que tiene alrededor.

– Hombre de rojo número 2, también le quita la defensa a un Policía. Lleva barba de tres días, gafas transparentes y anillo de casado. Según Intereconomía es el supuesto invidente.

– Hombre de rojo número 3, sólo se encara a la Policía. Es el que tiene más barba y el pelo más oscuro. Sus gafas son también más oscuras que las del anterior y lleva un jersey beige debajo de la chaqueta.

Pero luego llega el diario ABC y nos junta a los tres hombres en este vídeo de malísima calidad en el que pocas cosas quedan claras. No obstante, creemos que aparecen en este orden: hombre de rojo nº2, nº1 y nº3.

No sabemos si todo esto es un cúmulo de fallos al recopilar el material audiovisual, fruto de las prisas por querer publicar rápido; si hay algún tipo de manipulación intencionada de por medio o si ha sido casualidad unido a fallos de interpretación.

Lo que sí parece claro es que cada uno ve lo que quiere ver. Y nosotros sólo queremos ver la realidad. Sin interpretaciones. Sea bonita, fea, roja o azul. ¿Y tú, qué ves?

Por: @PatHernando y @LeticiaVazquezP

Cain Nunns: El cine occidental como instrumento de propaganda para China

La taquilla cinematográfica de EEUU ya no es lo que era.

En 2010 la venta de entradas supuso tan sólo una tercera parte de los ingresos del sector. Esa porción de la tarta va en continuo descenso desde las cifras récord logradas a principios de siglo.

En lo que respecta a la producción, la actual coyuntura económica significa que los inversores están financiando menos películas.

¿Qué va a hacer Hollywood al respecto?

En parte, los cineastas estadounidenses están mirando más allá de sus fronteras en busca de nuevos mercados y fuentes de ingresos.

Uno de sus destinos clave es China, la economía de crecimiento más rápido en el mundo, y base de una pujante industria cinematográfica. También es famosa por su censura, y eso plantea serios problemas a los estudios de EEUU.

Los expertos dicen que poner rumbo a China significa jugar bajo unas reglas totalmente nuevas, que no suelen favorecer la libertad de expresión.

Para tener éxito en China, algunos productores de EEUU están creando películas que retratan un país edulcorado y que después distribuyen por el resto del mundo.

Ejemplo de ello es la película protagonizada por John Cusak “2012”, en la que China aporta heroicamente arcas para salvar al resto del mundo de una inundación global y del exterminio total. La película logró el visto bueno de Pekín y tras su estreno batió el récord de taquilla en China.

Aunque el uso de las artes para comunicar un mensaje estatal no es una nueva táctica en los países comunistas, China parece haber encontrado una manera inteligente para exportar su mensaje oficial más allá de sus fronteras.

“Realmente es muy inteligente. No necesitan censurar las películas ellos, sino que las productoras occidentales lo hacen por ellos”, dice Liu Lee-shin, un experto en cine chino de la Universidad de Taiwán. “Esto está pasando también en Taiwán y en otros países asiáticos que quieren una porción de la tarta artística china”.

“Si haces una película que se exhibe en Canadá que Pekín considera anti china, es bastante probable que ninguna de las futuras películas o documentales de tus estudios se vuelvan a mostrar alguna vez en China”, añade.

China limita actualmente el número de películas extranjeras que se pueden exhibir en sus cines a 20 por año. Pero recientemente Pekín ha empezado a cortejar a los productores de Hollywood para que se establezcan en China, para realizar coproducciones y joint-ventures con estudios locales, casi todos ellos fuertemente vinculados al partido y al estado.

Las coproducciones permiten a los empresarios occidentales evitar la cuota de exhibición de películas extranjeras y acceder a los acaudalados inversores chinos. Pero también significa que los estudios se convierten básicamente en socios de un representante del gobierno.

Liu dice que Pekín incluye al sector cinematográfico en un plan de propaganda multimillonario a través de las artes. “Están sacando a artistas, directores, actores y productores de todas partes, y nadie quiere decir que no. O bien el dinero que les ofrecen es demasiado, o no quieren ofender al partido”, sugiere.

“Véase ‘The great revival’, una producción masiva que celebra el 90 aniversario del Partido Comunista chino. Más de 100 estrellas participaron en la película, que es propagandística y que a los actores les pagó el almuerzo”.

Fuentes del sector dicen que China es la primera en reconocer la disposición que demuestra Hollywood por poner los dólares por encima de la libertad de expresión y artística.

“En Hollywood hay actualmente personas que andan por ahí pensando ‘¿qué contenido chino puedo colocar aquí?, ¿qué puede funcionar?’”, dice Michael Berry, profesor de lenguas y culturas de Asia en la Universidad de California, Santa Bárbara.

“Con las inversiones masivas en producción y marketing y con todo lo que está en juego, los productores de EEUU están adoptando un papel ultraconservador y sacando refritos homogeneizados y estereotípicos”.

Berry advierte que no es sólo Hollywood el que está “aguando” sus productos para que sean aceptados oficialmente en China.

El arte contemporáneo, la danza, el teatro, la literatura y los medios de comunicación también están en juego, señala.

“El consumidor medio no va a ser consciente del nivel de autocensura que se está produciendo. Si quieren encontrar ideas alternativas en China tendrán que buscarlas por ellos mismos”, dice Berry.

En lo que respecta a las audiencias occidentales, indica, hay actualmente tres grandes vehículos que se están usando para difundir una visión “autorizada” del país.

Primero, la épica china, como “Crouching Tiger Hidden Dragon” [Tigre y Dragón] o “Hero”, que proyectan una romántica imagen nostálgica de la vieja China.

Segundo, las películas que relatan historias de alienación personal y los problemas de una sociedad en transición hacia un ideal occidentalizado de desarrollo. Un ejemplo es “La ducha”, sobre un atareado ejecutivo que descuida a su adorable anciando padre, encargado de una sala de baños.

La tercera son taquillazos que retratan una China heroica, como “2012” de Cusak.

José Apezarena: hacer información es muy difícil

Esto de hacer información es muy difícil, lo confieso.

El intento, que se aplica en El Confidencial Digital, de buscar noticias, de contrastarlas adecuadamente para luego publicarlas, es poco menos que un campo de minas.

Contaré un caso de estos días, para ilustrar lo que comento. Llega la noticia de que una destacada periodista acaba de ser fichada para un importante cargo en una entidad semioficial.

Desde ECD se llamó directamente a la afectada, que negó con rotundidad cualquier verosimilitud. Lo descartó sin ningún género de dudas. Dijo que no era verdad.

Casi se había optado por desecharlo, cuando una nueva llamada telefónica, esta vez a la empresa de la susodicha, confirmó que, en efecto, acababa de ser fichada y se marchaba ya al otro trabajo. Como así ha ocurrido.

Cuando se contactó con ella, la colega podía haber optado por callar, o por responder que no tenía nada que decir, o incluso pedir que se aplazara la publicación por algún motivo. Pero lo que hizo fue decir que no había nada, que era mentira.

Aquí tenemos la costumbre de intentar llamar a las personas o instituciones afectadas. Si en alguna ocasión no lo practicamos, es porque lo hemos hecho mal.

Y nos hemos acostumbrado a que las fuentes echen balones fuera, lancen botes de humo, y en tantas ocasiones hasta nos engañen.

Pero que sea una periodista la que mienta tan descaradamente… desanima un rato.

Voy a reseñar algún caso más, de estos días. De informaciones bastante contrastadas que no hemos publicado porque los afectados las han negado. Tal cual. Tuvimos la convicción, casi la certeza, de que mentían. Pero, puesto que lo negaban todo, optamos por no publicar esas noticias. Insisto, con la convicción de que mentían.

Así que, lo dicho: informar, cuando se quiere hacer con sentido profesional, puede ser un infierno.

A pesar de lo cual, seguimos informando, que diría aquél.

Diego Contreras, sobre “Wisconsin” y BXVI: el desproporcionado peso noticioso de la acusación frente a la absolución

El veterano periodista Luigi Accattoli ofrecía hace unos días tres claves para entender las razones del escaso eco que ha tenido, en la prensa general, la retirada de los cargos contra Benedicto XVI en un proceso contra un sacerdote americano acusado de abusos de menores. La implicación del Papa en ese caso (el caso Murphy, de Wisconsin), lanzado por el New York Times, había ocupado las primeras páginas de la prensa de todo el mundo en marzo de 2010, y se presentaba como algo cierto. Ahora, cuando el artífice del episodio, el abogado Jeff Anderson, se anticipó a retirar  las acusaciones (consciente de que no tenía nada que presentar para sostenerlas), han sido llamativamente pocos los que han dado noticia.

Escribe Accattoli en Corriere della Sera que habitualmente suele haber una disparidad en la atención que los medios prestan a las acusaciones y a las absoluciones (a favor de las acusaciones, no hace falta decirlo. En el caso que nos ocupa, no ha habido ni tan siquiera absolución porque la acusación era un bluf). Además, desde su punto de vista, hay otros tres motivos que hacen que los medios dediquen mayor atención a los abusos de clero católico que a reatos análogos cometidos por otras personas: el valor simbólico de la figura del sacerdote en nuestra cultural,  la importancia  de la institución católica con respecto a cualquier realidad asociativa, las razones ideológicas de quienes aprovechan el escándalo para atacar. Todo esto es comprensible, concluye, pero al menos había que haber “señalado en páginas interiores la caída de una acusación a la que se había dado la primera página”.

Me parece significativo que el derrumbe de la acusación haya coincidido temporalmente con la celebración en Roma de un congreso sobre los abusos en ámbito eclesiástico (en Aceprensa sintetizo su contenido).  Pienso que la coincidencia muestra simbólicamente dos modos de trabajar: el show mediático promovido sistemáticamente por Anderson como estrategia de marketing a su favor (no es la primera vez que después de los fuegos artificiales se ve obligado a retirar las acusaciones), frente a la seriedad de una institución que, guiada por Benedicto XVI, se ha tomado en serio la tarea de erradicar un problema. 

José Luis Orihuela: cuando la industria del cine ve piratas por todas partes

Del mismo modo que el año pasado dije que el discurso del entonces presidente de la Academia de Cine en la ceremonia de los Premios Goya había sido un acierto, incluso aplicable al sector de los medios, este año lamentablemente hay que constatar un retroceso.

Frente a la rotunda defensa de internet de Alex de la Iglesia en 2011: “Internet no es el futuro, como algunos creen. Internet es el presente”, contrasta el discurso sin visión de Enrique González Macho en los Goya 2012: “Internet no forma, todavía, parte de la actividad económica del cine. No dudamos que va a formar parte esencial de la misma en el futuro, pero ese futuro todavía no ha llegado (…) Internet, desgraciadamente, todavía no es una alternativa ni sustituto, ni tan siquiera un complemento (…)”.

Resulta patético que una industria que sigue enrocada en los viejos modelos de negocio del cine y promoviendo una legislación que castiga los nuevos modos de consumo de productos culturales, al mismo tiempo constate que “el futuro todavía no ha llegado”.

La industria española tiene que explorar las ventanas de explotación y de modelo en internet para alcanzar la rentabilidad y dejar de ver piratas por todas partes.

via abc.es

Periodistas:¿Qué piensan los Periodistas de los RR.PP.?

Las relaciones entre periodistas y profesionales de las relaciones públicas pueden llegar a veces a ser tensas y basadas en la desconfianza mutua. Así queda de manifiesto en un diálogo entre dos destacados periodistas económicos publicado en el último número de la revista Periodistas. Veamos qué dicen.

La revista Periodistas, publicación de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE), recoge un diálogo entre Francisco Mora, uno de los pioneros de la prensa económica española, y Juan Emilio Maíllo, que en el momento de participar en el debate era periodista de El Mundo, pero que acaba de incorporarse al departamento de comunicación de Bankia. El debate está moderado por Miguel Angel Noceda, corresponsal económico de El País.


Los tres periodistas hablan de lo divino y lo humano, de los problemas de la prensa económica y del futuro de la profesión. Y se detienen también para reflexionar entre las relaciones entre los periodistas y las fuentes informativas, representadas en muchos casos por los profesionales de las relaciones pública. Por su interés reproducimos aquí esta parte de la conversación:


MIGUEL ANGEL NOCEDA: El acceso a las fuentes de información también ha cambiado sustancialmente. De patear los despachos,  a bregar con los gabinetes de comunicación de las empresas, verdaderas murallas chinas.


FRANCISCO MORA DEL RÍO: Cuando yo empecé había muy pocas fuentes y de muy difícil acceso. Los periodistas tenían que alumbrar sus fuentes y ganarse su confianza. Entre los mejores periodistas estaban los que tenían una buena agenda de fuentes. Luego nacieron los departamentos de comunicación y fueron ganando poder. El siguiente paso fue intentar ser ellos la única fuente de información. En las empresas proliferaron esas circulares internas que prohibían hablar con un periodista, sin el consentimiento del responsable de comunicación. Eso ha ido secando muchas fuentes, pero otras permanecen y siguen siendo irremplazables para hacer buen periodismo.


JUAN EMILIO MAÍLLO: Los gabinetes de comunicación perjudican muchas veces a la propia fuente, al impedir que el periodista pueda contactar con un directivo de la empresa o entidad para contrastar la información. Se trata de controlar absolutamente todo y eso merma la calidad. El periodista ya no habla en muchos casos con la persona conocedora del tema, sino con un tercero a quien se le ha proporcionado cierta información.


MIGUEL ANGEL NOCEDA: Siempre sesgada.


FRANCISCO MORA DEL RÍO: La confianza entre la fuente y el periodista debe ser mutua. Si una de las partes traiciona esa confianza, lo mejor es romper la relación. Ese modelo de confianza es el ideal y suele funcionar bastante bien.


JUAN EMILIO MAÍLLO: El modelo sigue existiendo y todos tenemos fuentes que nos proporcionan información que contrastamos.


MIGUEL ANGEL NOCEDA: ¡Antes la muerte que la fuente!


JUAN EMILIO MAÍLLO: Es peligroso que, por la profusión de información, nos tiente rellenar descuidando a las fuentes. La información de fuentes debe mantenerse en un lugar preminente, va en nuestro interés. Si no, no hay periodismo.

 

¿Y tú qué piensas de lo aquí hablado? Comparte tus ideas con nosotros. 

Si los profesionales de la Comunicación Pública en cierto modo se asemejan a los de la Medicina o el Derecho, en la medida en que hay entre ellos muchas especialidades (no siempre bien articulables entre sí, pero siempre integradas en un mismo ámbito profesional), conviene atender las razones de unos y otros que permitan evitar enfrentamientos innecesarios…