Diego Contreras, sobre “Wisconsin” y BXVI: el desproporcionado peso noticioso de la acusación frente a la absolución

El veterano periodista Luigi Accattoli ofrecía hace unos días tres claves para entender las razones del escaso eco que ha tenido, en la prensa general, la retirada de los cargos contra Benedicto XVI en un proceso contra un sacerdote americano acusado de abusos de menores. La implicación del Papa en ese caso (el caso Murphy, de Wisconsin), lanzado por el New York Times, había ocupado las primeras páginas de la prensa de todo el mundo en marzo de 2010, y se presentaba como algo cierto. Ahora, cuando el artífice del episodio, el abogado Jeff Anderson, se anticipó a retirar  las acusaciones (consciente de que no tenía nada que presentar para sostenerlas), han sido llamativamente pocos los que han dado noticia.

Escribe Accattoli en Corriere della Sera que habitualmente suele haber una disparidad en la atención que los medios prestan a las acusaciones y a las absoluciones (a favor de las acusaciones, no hace falta decirlo. En el caso que nos ocupa, no ha habido ni tan siquiera absolución porque la acusación era un bluf). Además, desde su punto de vista, hay otros tres motivos que hacen que los medios dediquen mayor atención a los abusos de clero católico que a reatos análogos cometidos por otras personas: el valor simbólico de la figura del sacerdote en nuestra cultural,  la importancia  de la institución católica con respecto a cualquier realidad asociativa, las razones ideológicas de quienes aprovechan el escándalo para atacar. Todo esto es comprensible, concluye, pero al menos había que haber “señalado en páginas interiores la caída de una acusación a la que se había dado la primera página”.

Me parece significativo que el derrumbe de la acusación haya coincidido temporalmente con la celebración en Roma de un congreso sobre los abusos en ámbito eclesiástico (en Aceprensa sintetizo su contenido).  Pienso que la coincidencia muestra simbólicamente dos modos de trabajar: el show mediático promovido sistemáticamente por Anderson como estrategia de marketing a su favor (no es la primera vez que después de los fuegos artificiales se ve obligado a retirar las acusaciones), frente a la seriedad de una institución que, guiada por Benedicto XVI, se ha tomado en serio la tarea de erradicar un problema. 

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