Ruth Gutiérrez: excesos de autoconciencia en la invención de Hugo

Resulta desconcertante valorar una historia que llena de alegría y emoción a muchos, en especial, a los niños; y sin embargo, parece artificiosa y aburrida a los adultos. En esto de buscar un juicio justo, vale más inclinarse por una postura intermedia a todas luces. Y es que Scorsese no ha escatimado en la producción de este filme ni se ha dejado ganar en conseguir la mejor dirección artística posible en la recreación de un escenario lleno de fantasía y magia. En ese sentido, son más que comprensibles los abundantes premios recibidos por los apartados técnicos. Ahora bien, como se pone de manifiesto ante el desierto de premios “narrativos”, el guión no está a la altura del argumento, un entrañable e imposible argumento.

Quizá porque la demasiada autoconciencia le resta al relato espontaneidad y sentido de lo auténtico: la historia se sabe demasiado a sí misma. Y eso se nota: se nota en la complicación de la historia que hace inverosímiles muchos diálogos y silencios; se nota en el exceso de “casualidades” que hacen causal un relato sin pies ni cabeza; se nota en que los personajes actúan con lentitud y haciendo grandes proclamas a la primera de cambio, es decir, cada vez que la cámara se detiene en ellos…Se nota en que lo más interesante de la película son los fragmentos de las películas de Mèliés y el autómata, intercalados como pequeñas dosis de verdadero cine; se nota en la abundancia de detalles de la época, decorados recargados, puestos ahí para la ocasión, pero carentes de vida. Si se trata de un truco más de impostura, entonces, el director ha triunfado. Pues todo apunta a hacer más evidente la sensación de falsedad que tiene el filme. Si no es así, la masa no está bien mezclada.

Este especial homenaje a Mèliés y los curiosos orígenes del cine pierde cierto interés, sin embargo, ante la incómoda interpretación de los niños protagonistas, Hugo y su amiga, muy lastrados por la rémora de la inexpresión, en un caso, o de la exageración, en el otro. A fin de cuentas, no cabe culparles, pues y quizá ellos no han sido muy conscientes del legado de Mèliés.

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