Jim Romenesko: Most Americans say religion reporting is too sensationalized

A poll on media coverage of religion finds:

* Two-thirds of the American public believe religion coverage is too sensationalized — a view held by less than 30% of reporters.

* Less than one-fifth of journalists, or 18.9%, say they are “very knowledgeable” about religion. Most reporters in that minority say they are mainly familiar with their own religious traditions, not the wider array of faiths and practices.

* A majority of both the public and reporters agree the news media “does a poor job of explaining religion in society,” with 57.1% and 51.8% agreeing, respectively.

* Both the public and reporters ranked TV news lowest in the quality and quantity of religion coverage compared to other media with 28.1% of the public and 8% of reporters responding that broadcast news provided “good” religion coverage.

The full report is here, and the press release is after the jump.


Most Americans say media coverage of religion too sensationalized

Less than one-fifth of reporters call themselves “very knowledgeable” about religion in new survey by the Knight Program in Media and Religion at USC and the Ray C. Bliss Institute of Applied Politics at the University of Akron

Two-thirds of the American public says religion coverage is too sensationalized in the news media – a view held by less than 30 percent of reporters, according to the results of a survey released Thursday.

And less than one-fifth of journalists, or 18.9 percent, say they are “very knowledgeable” about religion. Most reporters in that minority say they are mainly familiar with their own religious traditions, not the wider array of faiths and practices, the survey showed.

The results come from a first-of-its-kind survey of both reporters and the audiences they serve by the Knight Program in Media and Religion at the University of Southern California and the Ray C. Bliss Institute of Applied Politics at the University of Akron.

“News organizations are rightly worried about creating smart business plans and developing cutting-edge technology. But they’re overlooking their most basic resource: knowledgeable reporters,” said Diane Winston, Knight Chair in Media and Religion at the USC Annenberg School for Communication and Journalism. “News consumers want more reporting on authentic religious experience and a lot less on polarizing religious politics. But reporters can’t do that if all they know about religion is what they hear in church or—ironically—what they read in the news.”

A majority of both the public and reporters agree the news media “does a poor job of explaining religion in society,” with 57.1 percent and 51.8 percent agreeing, respectively.

Both the public and reporters ranked TV news lowest in the quality and quantity of religion coverage compared to other media with 28.1 percent of the public and 8 percent of reporters responding that broadcast news provided “good” religion coverage.

The report is based on two surveys conducted between Feb. 15 and May 11, 2010 by the Center for Marketing and Opinion Research in Akron, Ohio.

The first was a telephone survey of a national random sample of 2,000 American adults with a margin of error of +/- 3 percentage points. The second was an online survey distributed to a random sample of journalists with 800 usable responses and a margin of error of +/- 4 percentage points.

“Religion figures into American politics, popular culture, foreign policy and even the economy more strongly than ever before,” said John C. Green, director of the Ray C. Bliss Institute of Applied Politics, who managed the study. “But the disconnect between news consumers and producers suggests that current news media coverage isn’t making the importance of these overlapping relationships clear. This situation presents the news media with both a challenge and an opportunity at a moment when innovation in the profession is paramount.”

Among the study’s other findings:

• The American public sees religion in starkly polarized terms. Nearly half, or 43.6 percent believes religion is a source of conflict in the world, while a narrow majority, 52.6 percent, sees it as a fount of good. Most reporters, 56.1 percent, consider religion to be a mixed bag, offering both benefits and drawbacks for society. But only 3.8 percent of the general public shares this more circumspect angle on religion.

• Not surprisingly, then, most reporters believe their audiences want personality-driven religion news related to specific institutions and events. But despite the aforementioned polarization, 69.7 percent of Americans say they’re interested in more complex coverage that looks at religious experiences and spiritual practice.

• A strong majority of the public, 62.5 percent, says religion coverage is important to them, but nearly one-third of the rapidly growing cohort of those with no religious affiliation say they aren’t interested in religion coverage.

• Christians from ethnic minorities constitute over a third of news consumers who say they are generally very interested in the news and have a particular interest in religion. In contrast, white evangelical Protestants tend to care specifically about religion news, but less about the news in general.

Juan Varela: Gran Hermano amenaza la privacidad

Transparencia no es indefensión. La pasión y los beneficios de compartir, en internet, en las redes sociales, en los teléfonos inteligentes, deben hacernos más libres y capaces, no más esclavos. Cuando un gobierno como el británico anuncia un plan  para espiar en tiempo real la actividad digital y los correos de los ciudadanos, Gran Hermano acecha. La política del miedo invoca oscuras amenazas –terroristas, económicas, etc.- para aumentar el control del poder. El plan británico choca contra la libertad de los ciudadanos y con el empuje legal para proteger su privacidad en las redes.

El anuncio del gobierno conservador de David Cameron coincide con la entrada en vigor en España de la nueva regulación sobre publicidad y marketing digital que obliga a las empresas a buscar el consentimiento de los usuarios para vigilar su actividad en internet a través de cookies, el código que sirve para identificar su actividad e intereses. Mientras Europa debate el derecho al olvido, la capacidad de los usuarios de limpiar su pasado en las redes, planes como el británico recuerdan las amenazas de una sociedad cada vez más transparente.

Una gran parte de la vida de muchos usuarios se publica en tiempo real. Los nativos digitales exponen y construyen gran parte de su identidad en las redes sociales. No nos recatamos para subir nuestras fotos o geolocalizar nuestros lugares favoritos. Pero la vida publicada no puede confundirse con la vigilancia totalitaria ni con la privatización del espacio público y la identidad en manos de las grandes empresas que controlan nuestros datos, de Google a Facebook.

William Gibson, autor de culto de la ciencia ficción e inventor de la palabra ciberespacio, asegura que su obra se ha convertido en realista cuando la tecnología y la sociedad alcanzan el desarrollo sólo imaginado en sus obras. George Orwell y Philip K. Dick estarían de acuerdo con él. Gran Hermano existe. No sólo uno, su control está privatizado en manos de varias compañías. El gobierno de Cameron intenta emular la prevención del crimen relatada por Dick en Minority Report detectando las amenazas en tiempo real en las redes antes incluso de haberse cometido el delito.

Son los peligros de la paradoja de la transparencia y del control 2.0. Cuanto más compartimos, más necesitamos sostener la privacidad de nuestros datos para decidir cuándo, para qué y con quién. Cuando más transparentes somos, más expuestos al control de empresas y gobiernos con intereses distintos a los del usuario.

Encontrar el equilibrio entre las ventajas de la privacidad compartida, los datos que pagan los servicios de la sociedad de la información, y la relación e independencia entre ciudadanos, gobiernos y empresas, son los objetivos de los derechos digitales, también llamados de cuarta generación. Garantías para una privacidad abierta y transparente, un espacio público más amplio con sostenibilidad económica y democrática en la sociedad de la información.

Como en la vida real, lo determinante es el contexto y los motivos: qué espera lograr cada persona con su exposición y qué está dispuesto a ofrecer a cambio de los contenidos y servicios digitales. Los poderes políticos o económicos no tienen derecho a invadir la privacidad del usuario más allá de donde se está dispuesto a compartir. Lo público es de todos, de los datos del gobierno a las actualizaciones en Twitter, pero la privacidad se expande en las redes, aunque sea cada vez más difícil gestionarla. Por eso necesitamos mejores y más simples herramientas para compartir, no más control ni barreras invasoras.

Se trata de un a advertencia de Juan Varela llena de sentido cívico, que conviene conocer y agradecer.

El Confidencial Digital: un falso golpe de Estado en Portugal, promovido por internautas españoles, siembra el caos en la Red

Ha sido una de las mejores muestras de cómo un rumor en Internet puede crecer en pocas horas hasta llegar a conseguir que algunos usuarios le den credibilidad. Cientos de usuarios españoles de la red Twitter comenzaron a ‘narrar’ al minuto un supuesto golpe de Estado militar en la vecina Portugal. Poco después, el tema ya se había convertido en lo más comentado de esta red social a nivel mundial.

Cuando el asunto del supuesto golpe de Estado ya llevaba unas horas circulando, muchos usuarios se preguntaban en Twitter por qué los grandes medios de comunicación aún no reflejaban en sus portadas digitales el supuesto inicio del conflicto luso.

Todo comenzó con un vídeo subido a Youtube –y borrado poco después- a finales de la tarde de ayer, en el que se veían imágenes militares. Los usuarios comenzaron a twittear informaciones que les “iban llegando”: carros de combate por las calles de Lisboa, la televisión pública portuguesa emitiendo música militar, cazas del Ejército español sobrevolando Salamanca…

Pocos minutos después nació el hastag –tema- ‘#prayforportugal’ (‘reza por Portugal’). El bombardeo de mensajes –y la cantidad de usuarios que entraron al ‘juego’- a partir de ese momento fue tal que en cuestión de una hora se convirtió en Trending Topic –tema más comentado- de España y del mundo:

–“ALERTA: Medio en Portugal hablan de una Guerra Civil, un golpe de estado, informaciones confusas.”

–“En breves momentos la Televisión de Galicia facilitará un número de cuenta para ayudar a los afectados de Portugal #PrayForPortugal”

Entonces, y ante las dudas de muchos usuarios al no ver la noticia reflejada en los medios de comunicación, comenzaron a aparecer fotomontajes de despachos de agencia de Associated Press anunciado la disolución del Parlamento portugués por parte del presidente luso, o la toma de las calles lisboetas por parte de los carros de combate.

“Qué horror. Lo estoy viendo en EuroNews. Espero que no hubiera nadie en ese edificio” decía un usuario al mismo tiempo que otros comenzaban a reflejar portadas –falsas- del diario El País, anunciado que los corresponsales en el país vecino ya hablaban de “guerra civil”.

Y todo ante la incredulidad de los usuarios portugueses, algunos de los cuáles creyeron estar ante un suceso real que podría haber sido censurado por los golpistas. Finalmente, el ‘#prayforportugal’ degeneró en una cadena de descalificaciones tópicas hacia los portugueses, provocando enfrentamientos entre usuarios lusos y españoles.

Casi todos los usuarios que participaron en esta ‘broma’ son desconocidos, a excepción de alguna cara conocida como la del cineasta español Rodrigo Cortés, uno de los más activos en este asunto.

El Confidencial: De cómo llegar a la presidencia de Efe con 2º de Periodismo y acabar como doctor

Alex Grijelmo ha sido presidente de la estatal y pública Agencia Efe (el pasado año perdió cinco millones de euros y su deuda sobrepasa los 16 millones) durante ocho años, esto es, en los años del zapaterismo. Durante este tiempo, curiosamente, ha conseguido hacer la carrera académica que en 40 años anteriores no pudo o supo hacer.

Porque llegó en el 2004 –dicen que por insinuación de la Princesa Letizia a Zapatero– a la presidencia del citado medio público con Segundo de Periodismo y ha dejado el cargo como doctor en Ciencias de la Información. Un logro académico como para pasar al Guiness de los récords.

A Grijelmo (que cobraba cerca de 200.000 euros más coche oficial, cifra que redondeaba en otros medios públicos como tertuliano, caso de Radio Nacional de España) no sólo le dio tiempo a aprobar cuatro cursos de licenciatura de periodismo sino que, además, acabó el doctorado. Cosas veredes. Quizá es que le convalidaron muchas asignaturas.

De sus andanzas como presidente se habla y no se para en Efe. Ahora vuelve a Prisa del brazo de su protector Juan Luis Cebrián. Pero vuelve como doctor que siempre es un grado. La pregunta que se hace todo el mundo en Efe es si su tesis doctoral la hizo sobre Rodríguez Zapatero o sobre su amiga Fernández de la Vega. Se cruzan apuestas.

Tomás Delclós, defensor del lector en “El País”: Bulo en Twitter

Los internautas de Twitter y este diario han sido víctimas esta noche de un bulo en la citada red social sobre un supuesto conflicto armado en Portugal fabricado por usuarios de la misma. @MikelNhao mandó un tuit a las 00.31 diciendo: “Estoy boquiabierto con lo que está pasando en Portugal. La violencia nunca puede ser el camino. Espero que se retome la cordura”. Este mensaje lo retuiteó @FacuDiazT, quien siguió con el embuste. Se reproducía una falsa imagen de un tuit aparentemente publicado por este diario en el que se aseguraba: “Los corresponsales de Associated Press en Portugal hablan del estallido de una guerra civil. Las informaciones son confusas”. También circuló por Twitter una falsa portada digital de este diario con el rumor. A las 00.38, @FacuDiazT colgó el falso tuit. A las 00.40 se preguntaba por qué el diario había borrado tan rápido el supuesto tuit. “En la televisión tampoco dicen nada”, remachaba. Inmediatamente se crearon etiquetas que se convirtieron en Trending Topics. La reacción inicial de otros tuiteros fue de preocupación. Pronto aparecieron bromas de todo tipo, mientras algunos alertaban sobre el infundio y la facilidad con que éste se había convertido en Trending Topic. El eco que algunos blogueros dieron al embuste impulsó su difusión. Uno de los autores de la manipulación informativa tiene en una página de otro sitio de Internet recreaciones falsas de portadas impresas de otro medio español sobre otros asuntos.  A las 2.21, MikelNao escribía: “Lo bueno de Twitter es que ahora nosotros también nos podemos inventar noticias como hace la prensa”. @FacuDiazT posteaba: “Se las va cargar @MikelNhao. Me ha obligado, yo soy inmigrante no entiendo muy bien idioma vuestro”.
Y a las 3.42, colgaba otro mensaje: “Amiguetes, antes de ir a dormir, una cosita: Twitter no es prensa. Ya está, era para despejar la duda que tienen algunos”. Y se despedía en catalán. “Bona nit”.

Hasta ahí un resumen de lo sucedido esta noche, un ejemplo más de como internautas sin escrúpulos pueden diseminar con una facilidad pasmosa un engaño, falsificar cabeceras informativas y propagar una mentira que crea la alarma en unos y desata un lamentable jolgorio.

Esta mañana, lectores del diario se han dirigido a este defensor relatando lo sucedido. Una remitente escribe: “espero que tomen medidas contra la difamación y manipulación que se ha realizado bajo vuestro nombre”. El diario ha trasladado lo sucedido al departamento jurídico para evaluar las medidas a tomar.

Juan Messeguer: Los obispos han entrado con mal pie en los clichés del periodismo

Los obispos han entrado con mal pie en la lista de los clichés del periodismo. A menudo se les presenta “arremetiendo” cuando en realidad sólo están discrepando. Lo que podría ser interpretado como una muestra de vitalidad en una sociedad democrática –disentir, debatir– es afeado por un sesgo peyorativo.

Los tópicos periodísticos hacen cada vez más previsible el itinerario que pueden seguir las leyes controvertidas en una democracia. Si un Parlamento decide, por ejemplo, dar luz verde a una ley que liberaliza el aborto, seguramente la reacción de los sectores “ultraconservadores” no se hará esperar.

La situación empeora cuando los obispos critican la reforma. Entonces, sus comentarios –generalmente sacados de contexto– incendian la red y empieza el linchamiento a los obispos por parte de los verdaderos ultras; o sea, de los que no saben disentir sin perder los papeles. La polémica está servida.

El poder del lenguaje

La vida social genera controversias apasionantes. Y es lógico que el lenguaje periodístico refleje ese estado de cosas. También es una forma eficaz de hacerse entender rápidamente, sin distorsionar las cosas ni ofender a nadie. Por ejemplo, algunos hablamos de “guerras culturales” (famosas en EE.UU.) para referirnos a los conflictos de ideas.

En ocasiones, el recurso a este lenguaje metafórico puede funcionar como un gancho para sumar voluntades en torno a una causa común. Charles Lane, columnista del Washington Post, pone como ejemplos la “batalla contra la pobreza” de Lyndon Johnson; la “batalla contra las drogas” de Richard Nixon o la “batalla contra el cáncer” propuesta por otros presidentes norteamericanos.

Lo que no es admisible, añade Lane, es el uso de estas metáforas como herramientas para convertir al discrepante en un apestado ante la opinión pública. Es lo que, a su juicio, está pasando hoy en EE.UU. “Para ambos partidos, el objetivo es alentar a los estadounidenses a ver a los otros como enemigos y, al final, como gente a la que hay que odiar y temer”.

Así empleado, el lenguaje metafórico contribuye a socavar los requisitos mínimos de la vida democrática. “Cuando piensas en alguien como un enemigo se hace difícil confiar, respetar o cooperar con esa persona”.

La artillería de los obispos

El periodista Antonio Caño, corresponsal de El País en EE.UU. denunciaba esta tendencia desde su cuenta de Twitter: “Por qué en la prensa española ya nadie critica, sino ‘arremete’, nadie derrota, ‘tumba’ o nadie protege, ‘blinda’. Todo en los extremos” (5 de febrero 2011).

Tiene razón Caño. Y supongo que la crítica incluye también a su periódico, aficionado a presentar a unos obispos muy ceñudos. Éstos han arremetido contra la selección de embriones; han atacado proyectos de ley; han incendiado elecciones; o han reprimido y execrado a teólogos…

Parece que los obispos son una nueva especie de Terminators, capaces de arrasar con todo. Y, hombre, entre tanto tópico muerto, la cosa hasta se pone interesante. Pero cuando uno va al fondo de la noticia descubre que, al final, los obispos estaban haciendo algo bastante prosaico: mostrar su desacuerdo con unas iniciativas que no comparten.

Un signo de la tendencia a lo extremoso es la impunidad con que se afirman falsedades en la “información” religiosa. Así, el director de la Oficina de Información de la Conferencia Episcopal Española ha intentado –sin éxito– que El País rectificara lo publicado en un reportaje (26 de febrero) donde se decía que el Estado “tiene en nómina a obispos y curas como si fuesen funcionarios”, lo que es falso, pues son las diócesis las que retribuyen a los sacerdotes.

En la misma información también se aseguraba que la Iglesia católica está exenta del IBI “en virtud de los Acuerdos entre el Estado y la Santa Sede”. Lo que tampoco es cierto, pues ese régimen fiscal está regulado por la Ley de Mecenazgo, en virtud de la cual la Iglesia está exenta del IBI al igual que otras instituciones sin fines lucrativos.

Deformar el mensaje

Hace unos días, Benedicto XVI se reunió con un grupo de obispos de EE.UU. para alentarles a transmitir la fuerza y el atractivo de la doctrina cristiana sobre la sexualidad, el matrimonio y la familia.

Citando unas palabras de la misa de inauguración de su pontificado, pidió a los obispos que recordaran a los jóvenes que “quien deja entrar a Cristo no pierde nada, nada, absolutamente nada de lo que hace la vida libre, bella y grande”.

En su crónica, la corresponsal en Roma de Associated Press, Nicole Winfield, opta por poner el énfasis en la denuncia que hizo el Papa sobre las presiones que provienen de “poderosas corrientes políticas y culturales que tratan de alterar la definición legal del matrimonio”. Éste es el titular: “Pope Denounces Gay Marriage Lobby to US Bishops”.

Varios medios estadounidenses, como ABC News o Fox News,publican la noticia con el mismo titular. Después otros diarios norteamericanos vuelcan al español la noticia con el siguiente titular: “Papa arremete contra matrimonio homosexual” (cfr. El Mensajero, 9-03-2012 y El Diario, 9-03-2012).

De esta forma, las letras grandes de los titulares van convirtiendo en el centro de la noticia lo que en el discurso de Benedicto XVI ocupa un párrafo de once. Mientras tanto, el resto del mensaje –que, al menos, Winfield sí recoge– va perdiendo espacio en los demás diarios.

Otra Iglesia (en los medios) es posible

La opción de presentar a los obispos lanza en ristre no favorece el entendimiento de sus puntos de vista. Cuesta entrar al intercambio de ideas con alguien que, por lo visto, siempre las utiliza para aporrear.

Entre tanto, buena parte de las energías de la Iglesia católica se dedican a poner en marcha proyectos valiosos al servicio de la sociedad. En el último mes, las Conferencias Episcopales de varios países han lanzado campañas para secundar uno de los mensajes principales de Benedicto XVI para la Cuaresma de 2012: “Nuestros problemas nunca deben absorber nuestro corazón hasta el punto de hacernos sordos al grito de los pobres”.

Los obispos de Colombia han emprendido la Campaña de Cuaresma 2012 destinada a recaudar fondos para ayudar a “las víctimas de desastres naturales o la violencia”. Los de Chile han hecho lo propio bajo el lema “40 días para cambiar historias de jóvenes que lo necesitan” (cfr. Cuaresma de Fraternidad 2012). Los de Hong Kong han presentado otra para “prestar plena atención a los grupos desfavorecidos” (cfr. Agencia Fides, 22-02-2012). Por su parte, los de España han entregado a Cáritas 5 millones de euros en nombre de la Conferencia Episcopal…

Algunos lectores de la prensa beligerante con la jerarquía reclaman una “Iglesia de los pobres”. Pero esa Iglesia ya existe, alentada por los obispos. Otra cosa es que los clichés ideológicos de ciertas noticias impidan reconocerla.

Ruth Gutiérrez: excesos de autoconciencia en la invención de Hugo

Resulta desconcertante valorar una historia que llena de alegría y emoción a muchos, en especial, a los niños; y sin embargo, parece artificiosa y aburrida a los adultos. En esto de buscar un juicio justo, vale más inclinarse por una postura intermedia a todas luces. Y es que Scorsese no ha escatimado en la producción de este filme ni se ha dejado ganar en conseguir la mejor dirección artística posible en la recreación de un escenario lleno de fantasía y magia. En ese sentido, son más que comprensibles los abundantes premios recibidos por los apartados técnicos. Ahora bien, como se pone de manifiesto ante el desierto de premios “narrativos”, el guión no está a la altura del argumento, un entrañable e imposible argumento.

Quizá porque la demasiada autoconciencia le resta al relato espontaneidad y sentido de lo auténtico: la historia se sabe demasiado a sí misma. Y eso se nota: se nota en la complicación de la historia que hace inverosímiles muchos diálogos y silencios; se nota en el exceso de “casualidades” que hacen causal un relato sin pies ni cabeza; se nota en que los personajes actúan con lentitud y haciendo grandes proclamas a la primera de cambio, es decir, cada vez que la cámara se detiene en ellos…Se nota en que lo más interesante de la película son los fragmentos de las películas de Mèliés y el autómata, intercalados como pequeñas dosis de verdadero cine; se nota en la abundancia de detalles de la época, decorados recargados, puestos ahí para la ocasión, pero carentes de vida. Si se trata de un truco más de impostura, entonces, el director ha triunfado. Pues todo apunta a hacer más evidente la sensación de falsedad que tiene el filme. Si no es así, la masa no está bien mezclada.

Este especial homenaje a Mèliés y los curiosos orígenes del cine pierde cierto interés, sin embargo, ante la incómoda interpretación de los niños protagonistas, Hugo y su amiga, muy lastrados por la rémora de la inexpresión, en un caso, o de la exageración, en el otro. A fin de cuentas, no cabe culparles, pues y quizá ellos no han sido muy conscientes del legado de Mèliés.